Jordi Cuenca es interiorista, CEO de la compañía Verum Hotel Development. Ha sido presidente del Colegio de Interioristas de Barcelona. Lo entrevistamos con motivo de su presencia en InteriHotel Mad y la publicación de su proyecto Daia Slow Beach Hotel Conil, en el municipio gaditano de Conil de la Frontera.
Tras cuarenta años dedicado al diseño interior de establecimientos hoteleros, puedo constatar que nuestro trabajo ha cambiado muchísimo. Se ha transformado profundamente desde el propio concepto de partida. En mis comienzos, se buscaba crear hoteles de diseño porque era lo que funcionaba, sin más consideraciones. Ahora, cada uno de los establecimientos debe conseguir con el diseño de sus espacios resultados absolutamente personales que influyen en la identidad de la empresa y la experiencia buscada para el cliente.
Proyectos para diez años
Antes, proyectábamos hoteles con una arquitectura interior perdurable que tenía un objetivo de uso de unos veinticinco años. Ahora, los hoteles se crean, como mucho, para que aguanten diez años hasta que se vuelven a reformar y equipar. Lo que la empresa hotelera quiere conseguir es un efecto estético importante para atraer a sus clientes y competir con otros establecimientos con las armas que proporciona el diseño.
La tendencia actual va hacia diseños impactantes, muy vistosos, pensados para que el huésped disfrute de experiencias singulares. Hoy en día, es más relevante el impacto visual muy potente del hotel que una arquitectura interior consistente. Aunque esta no es la única tendencia y también encontramos proyectos que están más centrados en crear una atmósfera relajante, un ambiente slow.
Rentabilizar la inversión
El sector del equipamiento para interiores de hospitality también ha cambiado según estas tendencias comentadas, tal como hemos podido ver en esta edición de InteriHotel. Las empresas proveedoras nos ayudan con materiales y revestimientos fáciles, de colocación rápida y fuertes grafismos aplicados. Es un contraste muy grande con los materiales más duros, consistentes y rígidos que utilizábamos hace unos años.
En mi opinión, el trabajo como diseñador de espacios de hostelería debe estar orientado a la rentabilidad de la inversión que hacen nuestros clientes. Esta forma de enfocar el trabajo nos compromete, desde el principio, con el negocio de la cadena hotelera que, en muchas ocasiones, nos viene a buscar porque sabe que con una inversión baja podemos hacer productos de gran interés. En mis primeros trabajos para Derby Hoteles, una gran cadena de Barcelona muy patrimonialista y de gran sensibilidad estética, ya aplicaba esta filosofía de intentar rentabilizar al máximo la inversión.
A partir de este concepto, hemos ido desarrollando y creando productos con materiales nobles y que queremos que tengan consistencia y perdurabilidad. Se trata de trabajar con costes contenidos para conseguir una eficiencia muy alta.




