Antonio de Juan, LittleBig Hospitality Group

“La hospitalidad es un lenguaje que no necesita explicaciones”. Antonio de Juan, LBHG

Departimos con el presidente y fundador del holding LittleBig, con más de veinte años de experiencia en Meliá y Pierre Vacances, que fundó su propia compañía, Talentchef, en 2016. Cuenta con una gran habilidad y una amplia experiencia en el sector Food & Beverage, que le han permitido coordinar y dirigir proyectos para Marriott, The Ritz-Carlton, Hyatt, St. Regis, Westin, Meliá, Grupo Brookfield y Blackstone, en Caribe y Europa.

 

¿Cuál es el eje central de un espacio de hospitality actual?

El F&B se ha convertido hoy en el eje central del espacio. Durante años el hotel se entendía desde la habitación; hoy se entiende desde lo que ocurre en sus puntos de encuentro. Y esos puntos, en la mayoría de los casos, son gastronómicos: lobby bar, restaurante, rooftop, pool club, beach club, speakeasy o un café.

El F&B ya no es un servicio complementario, es el motor de un hotel. Es donde el huésped vive los rituales diarios (desayuno, aperitivo, cena) y donde el hotel se abre al público local, generando comunidad y relevancia más allá del alojamiento. Cuando el F&B está bien construido, el hotel deja de ser un lugar donde dormir para convertirse en un destino social y cultural.

Y hay un matiz clave: no se trata solo de tipo de cocina o carta, sino de ecosistema. El concepto define para quién es el lugar, qué historia cuenta y con qué códigos; el diseño lo traduce en materialidad, luz, sonido y recorridos; y la operación lo hace real con flujos, tiempos y cultura de servicio. Ahí es donde el trabajo de conceptualización, como el que desarrollamos desde Talentchef, se vuelve decisivo, porque alinea la propuesta con el negocio y con la identidad del hotel.

En ese sentido, el eje central de un espacio contemporáneo es la experiencia, y el F&B suele ser su palanca más poderosa. Cuando está bien diseñado, ordena el resto del proyecto y convierte la propuesta en algo reconocible, deseable y sostenible en el tiempo.

Antonio de Juan, LittleBig Hospitality Group
Las imágenes corresponden a espacios de Hard Rock Riviera Maya proyectados por LittleBIG Hospitality Group.
¿Qué significa que la hospitalidad es un lenguaje?

Es un lenguaje porque el huésped empieza a recibir estímulos y a vivir la experiencia desde el primer paso: cómo le recibe la arquitectura, cómo le envuelve el interiorismo, cómo la propuesta gastronómica activa el espacio y qué atmósfera se genera en cada punto de contacto. Se percibe en cómo se entra, cómo se circula, qué le invita a quedarse y qué energía tiene el lugar. También aquello que no se ve: los tiempos, la secuencia del servicio, la forma en que un equipo acompaña y anticipa. Igual que un idioma, puede ser coherente o confuso, cálido o frío, sofisticado o impostado. Y cuando está bien hablado, el huésped lo entiende sin necesidad de explicaciones.

Para que ese lenguaje sea consistente, especialmente en proyectos complejos o en grandes cadenas, hay que traducirlo a estándares operativos reales: manuales, protocolos, guías de servicio y puesta en escena. Y sostenerlo con formación de equipos, auditorías y seguimiento. Es lo que hace que la experiencia sea reconocible, fiable y memorable, cada día y en cualquier ubicación.

Antonio de Juan, LittleBig Hospitality Group
¿También se puede concebir como un canal de comunicación?

Sí, un espacio de hospitality puede funcionar como un canal de comunicación porque convierte los valores de una marca en una experiencia tangible. Si una marca quiere hablar de sostenibilidad, no lo comunica con un eslogan, sino con decisiones visibles e invisibles: materiales y proveedores, eficiencia energética, reducción de residuos, amenities responsables, durabilidad del diseño. Si quiere hablar de bienestar, lo hace con luz, acústica, calidad del descanso, recorridos calmados, rituales que bajan el ritmo y una gastronomía que acompaña ese estilo de vida. Mientras que el arraigo local se nota en la artesanía, en la narrativa del lugar y en una propuesta gastronómica conectada con el territorio.

¿Vivimos un regreso a la hospitalidad doméstica?

Podríamos decir que sí, pero de forma reinterpretada. No se trata de convertir un hotel en una casa, sino de recuperar lo que una buena casa te hace sentir: intimidad, naturalidad, cuidado y calma. El lujo contemporáneo se parece menos a lo ornamental y más a lo humano; menos a impresionar y más a hacerte sentir bien.

Y en paralelo, el auge de las branded residences es la confirmación de esa tendencia: el huésped ya no busca solo una estancia, busca una forma de vivir. Espacios que combinan la privacidad y la comodidad de lo doméstico con el estándar, los servicios y la identidad de una marca hotelera. Es una evolución lógica hacia experiencias más largas, más personalizadas y vinculadas al día a día. En la práctica, esto se traduce en espacios con una escala emocional, capaces de acompañar distintos momentos del día. Áreas que invitan a socializar y a vivir el lugar, pero también rincones que protegen y permiten bajar el ritmo.

¿Cómo planteáis la narrativa en un proyecto de interiorismo de hospitality?

La narrativa se trabaja como una idea clara que lo ordena todo. No se trata de “decorar bonito”, sino de definir qué experiencia queremos que viva el huésped y cómo se va a sentir en cada momento: la llegada, la primera impresión, los espacios donde socializa, los rincones donde baja el ritmo, etc. 

Antonio de Juan, LittleBig Hospitality Group
Antonio de Juan, LittleBig Hospitality Group

Para que esa historia sea sólida, el punto de partida es el concepto. Definir a quién va dirigido el proyecto, qué experiencia queremos crear y qué lo va a diferenciar. Con eso se arma un storytelling coherente y un posicionamiento realista, respaldado por una exhaustiva investigación de mercado, para que todo tenga lógica desde el inicio.

A partir de ahí, el diseño se convierte en una secuencia: recorridos que tienen sentido, luz que marca el ritmo, materiales que aportan verdad, puntos de foco que crean intención. Y en ese punto, desde Guinda, el estudio de interiorismo de LittleBIG, aterrizamos esa narrativa en decisiones muy concretas: materialidad, paleta, iluminación, FF&E y selección de acabados para que el espacio tenga identidad y se sienta coherente en cada escena.

El lujo sensorial sustituye al lujo explícito. ¿Podrías desarrollar esta idea?

Hoy el huésped busca cosas que no siempre se pueden señalar con el dedo, pero que se notan al instante: una atmósfera que te envuelve, materiales con verdad, una luz que te hace sentir cómodo, un aroma sutil que te identifica el lugar y un servicio que está ahí antes de que lo pida, sin invadir. Es un lujo más sofisticado porque exige precisión. No va de poner más, sino de saber qué quitar, qué dejar respirar y qué afinar para que todo tenga sentido. Menos exceso y más intención.

¿Cómo se conjugan la esencia histórica y la tecnología moderna en un proyecto de rehabilitación?

 En un proyecto de rehabilitación, el equilibrio está en no competir con la historia, sino trabajar con ella. La esencia histórica debe respetarse y ponerse en valor, identificando qué merece permanecer para darle un papel dentro del relato del espacio. La tecnología, en cambio, debe entrar de forma natural y silenciosa: elevar confort, eficiencia y personalización sin robar protagonismo.

¿Cómo influye el contexto local en la elaboración de un proyecto de hotel?

El contexto local debe ser el punto de partida. Un hotel que funciona hoy no puede ser un producto genérico: tiene que estar anclado a su lugar. Paisaje, cultura, artesanía, gastronomía, ritmos sociales… todo eso es materia prima para construir una experiencia con sentido. Cuando el contexto está bien entendido, el proyecto gana verdad, la experiencia se siente propia, coherente y difícil de replicar en otro sitio. Y eso es lo que marca la diferencia hoy: que el huésped no solo recuerde el hotel, sino el lugar que ese hotel le ayudó a vivir.

¿Los nuevos canales de comunicación y las redes sociales condicionan el interiorismo hotelero?
Antonio de Juan, LittleBig Hospitality Group

Sí, han cambiado mucho el juego. Hoy el huésped no solo vive el espacio: lo documenta. Y eso hace que la estética sea parte de la experiencia, no un extra. La gente busca lugares que “se vean bien” en un sentido amplio: interiores, luz, paisajes, actividades y, por supuesto, la comida. Esa expectativa influye en cómo se conciben los proyectos, porque obliga a pensar en escenas memorables y reconocibles.

La clave está en entender la “instagrammabilidad” como diseño de momentos: puntos de vista, luz favorecedora, fondos con identidad, recorridos que generan descubrimiento, detalles que cuentan una historia. No es diseñar para la foto, es diseñar para que el espacio tenga un lenguaje visual claro y, además, funcione en el uso real. Cuando se hace bien, el huésped se lleva una experiencia y también una imagen que quiere compartir.

Y aquí entra la parte de comunicación: un buen spot no es solo “bonito”, es un generador de deseo. Desde laChismosa, la agencia de comunicación de LittleBIG, lo vemos cada día: cuando un espacio tiene un punto icónico claro —un bar, una terraza, una vista, una mesa, un plato o un cóctel con puesta en escena—, se vuelve un imán de contenido orgánico. Ese contenido viaja rápido, amplifica el alcance del proyecto y lo pone delante de una audiencia. En ese sentido, el diseño no termina en el espacio: también vive en cómo se comparte, cómo se cuenta y cómo convierte una experiencia en aspiración.

¿Cuál es el mayor reto del interiorismo hoy en día?

Crear espacios con identidad en un mundo cada vez más homogéneo. La tentación de repetir fórmulas es enorme, pero el huésped ya lo ha visto todo. El reto es diseñar experiencias que sean singulares, operables y rentables a la vez. Y hacerlo además con responsabilidad: durabilidad, sostenibilidad real y una visión de largo plazo.

LITTLEBIG HOSPITALITY GROUP

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