El primer gran impacto del mundo del cine en la industria turística se creó alrededor de la trilogía El señor de los anillos (2001-2003) que creó un interés inusitado por visitar “la Tierra Media” de Nueva Zelanda. El set-jetting o turismo de cine se ha consolidado como una de las tendencias más influyentes del turismo contemporáneo. Algunas localizaciones explotan con interés este fenómeno.
Se trata de viajar a destinos reales que han servido como localizaciones de películas y series, con el objetivo de revivir escenas icónicas, conectar con universos narrativos y experimentar en primera persona los lugares que antes solo existían en la ficción.
El fenómeno no es completamente nuevo (Vacaciones en Roma, El hombre de la pistola de oro), aunque se ha visto impulsado por la expansión de las plataformas de streaming, el consumo de series y la fuerza emocional de las historias audiovisuales. Producciones como Juego de Tronos, The White Lotus, Emily in Paris, Harry Potter o El Señor de los Anillos han demostrado que una localización bien filmada puede convertirse en un poderoso motor turístico, capaz de transformar regiones enteras.
El set-jetting se basa en una premisa sencilla: los espectadores desarrollan un vínculo emocional con los lugares donde transcurren sus historias favoritas. Estos escenarios dejan de ser simples fondos visuales para convertirse en destinos aspiracionales. Así, Dubrovnik se asocia inevitablemente con Desembarco del Rey; Sicilia revive a través de The White Lotus; Nueva Zelanda se posiciona como la Tierra Media; y París refuerza su imagen romántica gracias a la serie Emily in Paris.
A diferencia del turismo tradicional, el set-jetting no solo vende un lugar, sino una narrativa. El viajero no busca únicamente visitar un monumento, sino “estar allí”, caminar por las mismas calles que un personaje, alojarse en el mismo hotel o sentarse en el café donde se rodó una escena clave. El viaje se convierte en una extensión de la experiencia audiovisual.
El impacto de las series y el streaming
El crecimiento del set-jetting está estrechamente ligado al éxito de las series de televisión. A diferencia del cine, que ofrece una experiencia más puntual, las series construyen relaciones prolongadas con el espectador. Durante semanas o meses, los escenarios se repiten, se reconocen y se cargan de significado emocional.
Además, las plataformas de streaming han globalizado el fenómeno. Una serie rodada en España, Corea del Sur o Islandia puede convertirse en un éxito mundial en cuestión de días, generando un interés turístico inmediato y transnacional. Esto ha llevado a muchos destinos a colaborar activamente con productoras audiovisuales, conscientes del retorno económico y de visibilidad que implica aparecer en una ficción de éxito.
Para muchos destinos, el turismo de pantalla representa una oportunidad estratégica. El aumento del turismo puede traducirse en inversión, creación de empleo y revitalización de áreas rurales o menos conocidas. Localidades que antes estaban fuera de los circuitos turísticos tradicionales han logrado posicionarse gracias a una producción audiovisual concreta.
Los destinos que logran captar la atención de los viajeros gracias a su presencia en la pantalla se esmeran para proponer una oferta cada vez más amplia y diversificada. Así nacen tours y paquetes temáticos, que ofrecen la oportunidad de visitar los lugares de rodaje y vivir experiencias únicas, como la participación en eventos o la posibilidad de conocer a los actores.
Escocia, por ejemplo, experimentó un notable incremento de visitantes tras el éxito de la serie Outlander, mientras que pequeñas islas, pueblos costeros o regiones montañosas han visto cómo el turismo cinematográfico sustituía o complementaba actividades económicas en declive.
Sin embargo, el éxito del turismo de cine también plantea desafíos. El aumento repentino de visitantes puede generar problemas de masificación, presión sobre infraestructuras, encarecimiento de la vivienda y pérdida de autenticidad. Gestionar este equilibrio entre promoción y preservación es uno de los grandes retos de esta modalidad de turismo.
Un viajero más emocional y experiencial
El perfil del usuario suele ser el de un viajero emocional, motivado por la nostalgia, la admiración estética y el deseo de pertenencia a una comunidad de fans. No se trata solo de hacer turismo, sino de vivir una experiencia inmersiva que combina ficción y realidad.
Este tipo de viajero valora las experiencias personalizadas: tours temáticos, alojamientos vinculados a la producción, recreaciones de escenas, exposiciones o eventos especiales. También comparte activamente su experiencia en redes sociales, amplificando el impacto promocional del destino y alimentando un ciclo continuo de visibilidad.
El set-jetting también pone el foco en el papel del diseño, la arquitectura y la dirección artística. Los escenarios no solo deben ser bellos, sino narrativos. Hoteles, villas, restaurantes y paisajes se convierten en personajes silenciosos que influyen en la percepción del espectador.
Esto ha llevado a una mayor conciencia estética en el sector turístico. Muchos espacios buscan ahora una identidad visual fuerte, fotogénica y coherente, capaz de dialogar con el lenguaje audiovisual. La frontera entre localización real y escenario diseñado se vuelve cada vez más difusa.
Todo apunta a que el turismo de cine seguirá creciendo y evolucionando. La integración de tecnologías como la realidad aumentada, las experiencias inmersivas o la inteligencia artificial permite recrear escenas, superponer capas narrativas al entorno real y ofrecer nuevas formas de interacción.
Al mismo tiempo, el debate sobre sostenibilidad es clave. El reto no consiste solo en atraer visitantes, sino en hacerlo de forma responsable, respetando a las comunidades locales y preservando el patrimonio natural y cultural. El set-jetting del futuro deberá equilibrar emoción, autenticidad y conciencia.
Los destinos se convierten en escenarios vivos donde la ficción deja huella y el viajero asume el papel de protagonista. Así, el turismo inspirado en el cine y las series no solo redefine los mapas, sino también nuestra relación con los lugares. Viajar deviene una experiencia narrativa, donde cada paso es un eco de la historia que una vez vimos en pantalla y ahora queremos vivir en primera persona.
FOTOGRAFÍAS CORTESÍA NETFLIX, HBO



